"Todos los días de mi vida, pienso en las mujeres que atendí. Les quité su maternidad, las devalué, rompí su confianza, las traicioné. Cómo me gustaría poder mirar cada uno de sus rostros y decirles cuánto lo siento. Si pudiera restaurar algo de lo tomé de ellas, yo daría mi vida para que esto ocurra. Quiero poder estar allí para secar sus lágrimas cuando lloran por su hijo perdido. Saber que has cometido un terrible error que no puedes corregir es uno de los sentimientos más desesperados en el mundo. Y tan desesperada como me siento, no puedo hacer que esos deseos se hagan realidad. Pero hago lo mejor cada día para compensar a esas mujeres y a sus hijos. Les fallé una vez, pero no voy a hacerlo de nuevo. Sé que ellas no han olvidado a sus hijos, y yo tampoco.
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