Dr. Fernando D. Saraví: Justicia y Aborto


Sr. Director:
De la nota de LOS ANDES (04/07/2006) sobre la Jueza Aída Kemelmajer de Carlucci se infiere que, curiosamente, es más probable saber qué piensa la magistrada leyendo publicaciones nacionales que locales.
De hecho, la opinión de la Dra. Carlucci sobre el aborto quedó clara en una entrevista otorgada al suplemento “Las 12” del diario porteño Página 12 el 20 de enero pasado. Allí dijo: “Pero de cualquier modo tiene que venir la despenalización del aborto. El aborto no es bueno (...). Estamos hablando de lo malo que es la penalización y de las consecuencias negativas a las que conlleva. Hay que ir a una legislación similar a la europea, que no sólo lo ha despenalizado sino que lo autoriza en determinadas condiciones en los hospitales públicos ...”
En la reciente nota a la Revista Veintitrés declara, según LOS ANDES: “El resultado de tener penalizado el aborto ha sido un mal mayor. Son miles de mujeres que mueren en abortos clandestinos”.
Estas ideas en sí nada tienen de nuevas. Han sido expresadas de múltiples formas por personas muy diversas y por todos los medios de difusión. Lo alarmante es que, en años recientes, gente con considerable poder, como la Jueza de la Suprema Corte Nacional María Argibay, el Ministro de Salud y Ambiente de la Nación, Ginés González García, y ahora Aída Kemelmajer de Carlucci, unan sus voces a este variopinto coro. Lo diga quien lo diga, los argumentos a favor de la despenalización del aborto no resisten un análisis racional.
Primero, no son “miles” las madres argentinas que mueren por abortos clandestinos. La mortalidad materna es de 4 mujeres por 10.000 nacidos vivos. Según cifras oficiales (http://www.deis.gov.ar/publicaciones/archivos/serie5nro48.pdf), en 2004 fallecieron en total 7291 mujeres entre los 10 y 44 años de edad, y sólo 94 de ellas murieron por “embarazo terminado en aborto” (la cifra incluye tanto abortos provocados como espontáneos). En resumen, menos de 1 mujer por cada 100.000 muere por aborto en nuestro país.
Segundo, no hay relación obligada entre la despenalización del aborto y la mortalidad materna. En la India la tasa de mortalidad materna es altísima y el aborto es legal. En Irlanda y en Chile el aborto es ilegal y la tasa de mortalidad materna es muy baja. La mortalidad materna se relaciona inversamente con la calidad de la atención sanitaria. Es mucho lo que debe hacerse al respecto, y no exactamente obligar a los hospitales públicos a realizar abortos.
Tercero, la enorme mayoría de las mujeres que mueren como consecuencia del aborto ilegal son las bebés abortadas. En algunos países con aborto legal (como China e India) se abortan muchos más bebés de sexo femenino que masculino. Según un reciente editorial médico: “El infanticidio femenino del pasado es refinado y afilado con excelente destreza (...) Un análisis demográfico cuidadoso (...) muestra que aproximadamente 100 millones de niñas están desaparecidas del mundo – ellas están muertas” (The Lancet 367:185, 21/01/2006).
Cuarto, legalizar el aborto puede generar otras formas de violencia contra la mujer, como ser presionada para abortar por la pareja o la familia. En un estudio argentino, 70 % de las adolescentes que abortaron lo hicieron por decisión de terceros (CLARÍN, 24/10/2003).
En lugar de la solución simplista y despiadada de despenalizar el aborto, lo que una sociedad sana debe hacer es evitar los embarazos no deseados, y apoyar por todos los medios posibles tanto a las mamás embarazadas como a sus bebés. Evitar la falsa disyuntiva de elegir entre la madre o su bebé haría justicia a ambos, además de dignificarnos como seres humanos.

Publicada el 14 Jul 2006
http://www.losandes.com.ar/2006/0714/escribeellector/nota326899_1.htm
Prof. Dr. Fernando D. Saraví (DNI 11.264.548)
Facultad de Ciencias Médicas
Universidad Nacional de Cuyo