Aquella ley de 1985 preveía el aborto en caso de tres supuestos: violación, malformación del feto y riesgo para la madre.
-Nosotros ya decíamos que no se preveía sólo un aborto para esos casos extremos, sentimentalmente admisibles, porque lo que se intentaba era promover una cultura abortista que llegara al aborto libre como ahora tenemos. Eran unos mentirosos. De hecho, ya se vio rápidamente. El peligro para la salud de la embarazada, por ejemplo, es prácticamente inexistente hoy en día. Y en el 95 por ciento de los abortos practicados se alegó peligro para la salud psíquica de la embarazada, que fue el gran coladero de la anterior ley. Es más, la gran mentira para el peligro de la salud psíquica es que se oculta el síndrome del posaborto, muy relacionado con el aumento de alcoholismo y drogadicción. Es una realidad que ahora se está empezando a tratar y que genera problemas psíquicos importantes. En los centros de acogida nosotros tenemos un programa, «La viña de Raquel», en el que ofrecemos terapia para las mujeres que han tenido abortos.