Aborto a toda prisa

Ayer, en la conferencia pronunciada en Madrid, el secretario de Estado del Vaticano recordaba la doctrina inequívoca de la Iglesia sobre el derecho a la vida «desde la concepción al ocaso natural» y, respecto a la ley española, proponía de forma expresa «restringir y no ampliar». La cortesía superficial del Gobierno hacia monseñor Bertone no puede ocultar una ofensiva laicista en toda regla de la cual el aborto es únicamente un eslabón que continuará en algún momento con la eutanasia, completando así el ciclo iniciado con la ley sobre «matrimonio» entre personas del mismo sexo.
Desde una perspectiva estrictamente jurídica, no hay opiniones solventes que justifiquen la compatibilidad del derecho a la vida proclamado por el artículo 15 de la Constitución con la ley que se pretende imponer. Desde un punto de vista ético, no cabe dejar desamparado al más débil e indefenso, (es decir, el nasciturus), en clara contradicción con una ideología que dice ser moderna y liberadora. En fin, en el plano de las relaciones humanas, hay razones muy poderosas para apoyar a las mujeres sin favorecer una decisión traumática que -según los estudios más solventes- deja secuelas permanentes de carácter físico y psicológico. Todo esto apenas importa, porque la conclusión estaba ya predeterminada antes de crear esta subcomisión inútil..