Las políticas neoimperialistas de control de natalidad se remontan a los años sesenta y han permitido a los sucesivos responsables de la Casa Blanca, salvo algunas excepciones, favorecer a entidades privadas que fomentan el aborto en países pobres.
Este sistema se vino reproduciendo desde ese tiempo hasta que se produjo una ruptura en 1981, con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos.
Las firmes convicciones morales y religiosas de Reagan pusieron veto a estas subvenciones y tradición pro-abortista, aunque posteriormente las reactivó Bill Clinton. Y vuelta a empezar con la política estadounidense de apoyo al aborto en países en vías de desarrollo.
Posteriormente, con la llegada de Bush a la Casa Blanca, el veto a las políticas abortistas se hizo presente de nuevo; y, ahora, tras su reciente toma de posesión, Barack Obama vuelve a recuperar la tradición neoimperialista en torno al aborto.